Ana Isabel Pulgarín: la sobreviviente del accidente del Liceo Antioqueño
Después de 25 días de hospitalización, Ana Isabel regresa a casa con cicatrices y un nuevo propósito en la vida.
Ana Isabel Pulgarín ha experimentado un camino lleno de dificultades tras el trágico accidente del bus de los egresados del Liceo Antioqueño. Durante 25 días, estuvo internada en el Hospital San Vicente Fundación, donde enfrentó múltiples cirugías y un proceso de recuperación que ha dejado profundas huellas tanto físicas como emocionales en su vida.
Regreso a casa
Con una sonrisa que refleja su alegría, Ana Isabel ha vuelto a su hogar, un lugar que ahora representa no solo la calidez familiar, sino también un espacio de sanación y esperanza. A pesar de las cicatrices que aún marcan su cuerpo, la joven se muestra agradecida por la oportunidad de regresar a su vida cotidiana. Sin embargo, no es fácil para ella lidiar con los recuerdos de esa fatídica jornada, y comparte sus pensamientos con sinceridad.
“A mí lo que me pasaba mucho y todavía me pasa es que uno tiene mucho en la cabeza como eso, uno está muy agradecido de estar bien, de poder regresar a casa, pero también uno se pregunta mucho por qué yo sí y ellos no”,
expresó Ana Isabel, reflejando el dilema emocional que acompaña a muchos sobrevivientes de tragedias similares. Esta lucha interna es común entre quienes han vivido situaciones extremas, y Ana Isabel no es la excepción.
Un proceso de recuperación arduo
Durante su estancia en el hospital, Ana Isabel fue sometida a un total de siete intervenciones quirúrgicas, las cuales incluyeron procedimientos de reconstrucción en su rostro y otras áreas de su cuerpo. La gravedad de sus heridas, especialmente las que afectaron su espalda, requirió atención médica constante y especializada.
“La espalda también tenía varias heridas y la más delicada, pues que tenía un vidrio, pues enterrado prácticamente ahí, al lado de la columna”,
relató la joven, describiendo el impacto físico que tuvo el accidente en su vida. La recuperación ha sido un proceso lento y doloroso, pero Ana Isabel ha mostrado una gran fortaleza y determinación para superar cada obstáculo que se le ha presentado.
El apoyo familiar
Lisdeny Marulanda, madre de Ana Isabel, ha estado a su lado en cada paso del camino. La emoción de volver a tener a su hija en casa es indescriptible para ella. Con lágrimas de felicidad, Lisdeny expresó su gratitud por la recuperación de Ana Isabel, pero también su dolor por los otros jóvenes que no tuvieron la misma suerte.
“Es una alegría muy grande, es un sentimiento que no logro describir, porque me siento inmensamente bendecida y feliz, pero es que a mí me duelen todos los niños, porque no todos, pero muchos de ellos vinieron aquí, uno tuvo contacto con ellos, uno conocía sus sueños, sus cosas y yo me siento inmensamente agradecida con Dios”,
manifestó Lisdeny, resaltando la complejidad de las emociones que surgen en momentos de tragedia. La relación entre madre e hija se ha fortalecido a lo largo de este proceso, y el apoyo mutuo ha sido fundamental para afrontar la adversidad.
Nuevos horizontes
A pesar de los desafíos, Ana Isabel no ha perdido de vista sus sueños. Con la firme intención de recuperarse por completo, ha comenzado a planificar su futuro académico. Su aspiración es estudiar Medicina, un camino que representa no solo un sueño personal, sino también una manera de honrar a sus compañeros que no sobrevivieron. Ana Isabel aspira a obtener el mejor puntaje en la Universidad de Antioquia, un objetivo que la motiva a seguir adelante.
La historia de Ana Isabel Pulgarín es un testimonio de resiliencia y esperanza en medio de la adversidad. Cada día representa un nuevo reto y una oportunidad para construir un futuro en el que pueda ayudar a otros, convirtiendo su dolor en una fuerza para el bien.

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