Esta es la historia de amor detrás de la Casa de las Piedritas en Envigado
Hay historias de amor que se escriben en cartas, y otras que se construyen con las manos. La de Santiago Rojas y Gloria Ochoa nació entre miradas y pequeñas piedritas lanzadas a la ventana cuando eran novios. Años después, ese mismo gesto se convirtió en promesa: desde 1987, Santiago comenzó a levantar para ella una casa única, piedra por piedra, detalle por detalle, como quien talla para siempre sus sentimientos.
Hay historias de amor que se escriben en cartas, y otras que se construyen con las manos. La de Santiago Rojas y Gloria Ochoa nació entre miradas y pequeñas piedritas lanzadas a la ventana cuando eran novios. Años después, ese mismo gesto se convirtió en promesa: desde 1987, Santiago comenzó a levantar para ella una casa única, piedra por piedra, detalle por detalle, como quien talla para siempre sus sentimientos.
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Gloria Ochoa De Rojas, la propietaria de la Casa de las Piedritas, cuenta: “Mi esposo me la dio de regalo de 10 años de casados, eso fue en 1986, al siguiente año él comienza a construir todo lo que la casita tenía de lote, porque él no quería tanto la casita por ser habitación sino por ser un lote muy grande donde él podía desarrollar toda su creatividad. Esta casa está hecha sin metro, sin nivel, nada, solo a ojo”.
Durante décadas nunca dejó de construir. Cada rincón sumó esfuerzo, sacrificio y creatividad, hasta convertir el hogar en una verdadera obra de arte popular. Hace tres años Santiago partió, pero su amor no se fue con él. Hoy Gloria conserva ese legado con orgullo, abre las puertas de su hogar y comparte la historia de amor con turistas.
“Estamos acá todos los días para las personas que quieran venir a conocerla, de 2:00 pm a 6:00 pm, es masomenos de una hora el recorrido y con un aporte voluntario. Es mi hogar, no un lugar público ni un museo, simplemente es mi casa, hecha con mucho amor y una promesa muestra de que los sueños sí se cumplen”, añadió Gloria, la propietaria.
La Casa de las Piedritas, en el barrio San José de Envigado, demuestra que el amor verdadero no siempre necesita palabras: a veces basta una piedra, unas manos incansables y un corazón decidido para volverlo eterno.
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